Opinión sobre el Juicio a “Lobo Marley”.

Compartimos con Luis Miguel Domínguez y su “Lobo Marley” el mismo fin (la defensa a ultranza del Lobo Ibérico), pero no los métodos. No nos sentimos en absoluto identificamos con este tipo de ecologismo urbanita en el que “todo vale” por la defensa del lobo. Todos sabemos que la Junta de Castilla y León no pone medio alguno para hacer cumplir escrupulosamente su propia Ley de Caza, que claramente prohíbe el uso de cebos y casetas para matar al Lobo. Aquella acción de Lobo Marley estuvo motivada por el dolor y la rabia, comprensible teniendo en cuenta la impunidad con la que se matan lobos en la Sierra de La Culebra. Pero, siendo un grupo tan mediático como son, con tantos seguidores, deberían haber actuado con más inteligencia, y no dejarse llevar por la impotencia. Tuvieron que pagar una fianza de 50.000 € y ahora se enfrentan a un juicio que les puede condenar a dos años y medio de cárcel y multas de hasta 17.000 €. Todo ese dinero y tiempo perdido, hubiera venido muy bien para contratar a unos buenos abogados ambientalistas y denunciar ante los tribunales el uso ilegal que se le estaba dando a aquellas casetas. Lo único que han conseguido es enfurecer aún más al todopoderoso lobby cinegético de este país, que ahora tiene alas y argumentos para usar este juicio en contra de todo un colectivo ecologista que lucha por la defensa legal que se merece el Lobo Ibérico en España.

El fanatismo no conduce a nada, y por supuesto, no beneficia al lobo. Sin un entendimiento con el mundo rural, no hay solución. Cuando Félix Rodríguez de la Fuente se alzó en defensa del Lobo, la Administración pagaba por matar lobos (todavía existía la “Junta de Extinción de Animales Dañinos”). Hoy Félix nunca hubiera actuado así, destrozando casetas como un “hooligan”. Aunque nos cueste aceptarlo, el futuro de la conservación está en manos del mundo rural, que es su legítimo custodio. Félix lo sabía muy bien, y logró que muchos ganaderos y cazadores lo comprendieran, y vieran al lobo con otros ojos. Desgraciadamente hoy no tenemos a Félix, y el ecologismo se ha convertido en un movimiento de odio e intransigencia. Es muy triste que cazadores y ganaderos nos traten con más respeto y educación que los ecologistas, cegados por un sectarismo recalcitrante. El ecologismo comienza con el esfuerzo y la educación, y para luchar por unos valores, hay que saber escuchar al que está al otro lado.

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